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Estudio de caso

Mortalidad materna: Etiopía

Introducción

Bill y Melinda Gates

Si nos propusiéramos inventar el mecanismo más eficaz para devastar comunidades enteras y poner a los niños en peligro, tendríamos que inventar la mortalidad materna.

La reducción a la mitad del número de madres que mueren a consecuencia del parto en la última generación es uno de los éxitos más importantes en materia de salud mundial. Este logro adquiere todavía más relevancia si tenemos en cuenta que reducir la mortalidad materna es muy difícil.

Estadísticamente, los casos son pocos si los comparamos con, por ejemplo, la mortalidad infantil. Es por eso que los índices de mortalidad materna siempre se calculan por cada 100 000 mujeres que sobreviven el parto, y no por cada 1000. Por lo tanto, cada nueva solución que salva la vida de una madre tiene que aplicarse 100 veces más para que tenga el mismo impacto.

Afortunadamente, las soluciones existen. Para que todas las mujeres tengan acceso a estas soluciones, lo más importante es convencerlas para que den a luz en un centro de salud, donde recibirán atención obstétrica, en vez de en sus hogares. Le pedimos al Dr. Kesete Admasu, exministro de Salud de Etiopía, que escribiera unas líneas acerca de cómo se instauró en su país una infraestructura de salud que alienta a las mujeres a tomar esta decisión.

Tal como señala el Dr. Kesete, a medida que cada vez más mujeres dejen de dar a luz en el hogar para hacerlo en centros de salud, la comunidad que vela por la salud materna deberá garantizar que la atención obstétrica especializada que se brinda en dichos centros sea de una calidad óptima. Ahora que hay tantas mujeres que dan a luz en estos centros, los sistemas de salud reciben mucha más presión, y sus necesidades de equipamiento, personal y capacitación son mucho mayores. Si el mundo logra satisfacer estas necesidades, seremos capaces de seguir reduciendo la mortalidad materna sin que decaiga el ritmo de los últimos 25 años.

Mortalidad materna por cada 100 000 nacidos vivos en Etiopía
Progreso alcanzado hasta la fecha
19902016
0
250
500
750
1k
843
357
Inicio del programa Health Extension
2003
Formación del Ejército Femenino para el Desarrollo
2011

Sobre el terreno

Kesete Admasu

Presidente ejecutivo de Roll Back Malaria Partnership (exministro de Salud de Etiopía, 2012-2016)

Cuando me incorporé al Ministerio de Salud etíope, en el año 2002, disponíamos de un sistema de salud diseñado para otros países.

Los pocos profesionales de salud sumamente capacitados del país se concentraban en las grandes ciudades, lejos del 85 % de nuestra población, que reside en zonas rurales. Esta desproporción explica por qué teníamos una de las peores estadísticas del mundo en mortalidad materno infantil.

Teníamos el firme compromiso de salvar esas vidas, pero no nos pareció adecuado invertir recursos en un sistema deficiente. De modo que optamos por construir uno nuevo. Desde el 2003, el programa Health Extension (Ampliación sanitaria) brinda a los etíopes los servicios que necesitan y en los lugares donde los necesitan. En el marco de este programa, capacitamos a 40 000 trabajadoras dedicadas a ofrecer información y atención médica a cien millones de etíopes, es decir, a la totalidad de la población. El objetivo era informar, empoderar y, en última instancia, permitir que la población local se responsabilizara de su futuro.

El camino no fue nada fácil, no me malinterpreten. Cometimos errores y compartimos lo aprendido para que otros países pudiesen sacar partido de nuestra experiencia. Pero, en general, el programa Health Extension funcionó y dio frutos de forma inminente. La mortalidad infantil se redujo por la mitad en tan solo ocho años. Nuestra teoría se estaba confirmando. Todo aquello que contribuye a salvar vidas de niños y niñas (como la planificación familiar, la vacunación, los mosquiteros o la gestión básica de enfermedades comunes) debe hacerse llegar a la comunidad.

La mortalidad infantil se redujo por la mitad en tan solo ocho años. La mortalidad materna, sin embargo, fue toda otra historia.

La mortalidad materna, sin embargo, fue toda otra historia. Se redujo, sí; pero en una proporción mucho menor que la mortalidad infantil. Y sabíamos por qué. Para salvar las vidas de madres la atención obstétrica es clave, pero esta solo puede brindarse en un centro de salud. La gran mayoría de las madres etíopes, sin embargo, prefieren dar a luz en sus hogares. Los profesionales de salud aconsejaban a las mujeres que planificaran sus partos en un centro de salud, pero no lograron convencer a muchas de las familias.

En el 2010, dos ideas totalmente distintas se entrelazaron para plantear una posible solución a nuestro problema.

Por una parte, el programa Health Extension siempre había hecho hincapié en el concepto de «familias modelo», pioneras en adoptar las recomendaciones del programa y que, consiguientemente, dormían con mosquiteros y utilizaban letrinas. Confiábamos en que el ejemplo y liderazgo de estas familias servirían para inspirar a otras. La idea era la siguiente: las familias modelo creaban comunidades modelo, que a su vez generarían distritos modelo y, en un futuro, un país modelo.

Por otra parte, nuestros colegas del Ministerio etíope de Agricultura, que estaban experimentando con distintas formas de ayudar a los pequeños agricultores a utilizar semillas de mejor calidad y técnicas de plantación más modernas, ya habían logrado algunos éxitos al instar a ciertas personas a liderar estos cambios en sus comunidades.

Así que decidimos adaptar la misma idea en el ámbito de la salud e instamos a las familias modelo que ya habíamos capacitado para liderar lo que denominamos el Women's Development Army (Ejército Femenino para el Desarrollo).

Cada empleada del programa Health Extension brinda servicio a una comunidad formada por 2500 personas (o 500 familias). Esto supone una mejoría increíble respecto al antiguo sistema, pero todavía son demasiadas personas a su cargo como para que la empleada pueda forjar una relación personal y profunda con todos aquellos a quienes atiende. El Ejército Femenino para el Desarrollo, sin embargo, está compuesto por tres millones de mujeres, una para cada seis familias. No son profesionales de salud que se dedican a hablar con los miembros de la comunidad, sino que ellas mismas son miembros de la comunidad.

Todos los días quedan con otras mujeres de la comunidad para tomar café, todas las semanas coinciden con sus vecinas en la iglesia o la mezquita, y en muy poco tiempo han contribuido a cambiar la ecología de la maternidad en Etiopía. Entre el 2011 y el 2016, la proporción de mujeres que daban a luz en centros habilitados aumentó de un 20 a un 73 %.

Y no se trata únicamente de que ese ejército transmita a las mujeres de una comunidad lo que los responsables del sistema de salud pensamos que deberían hacer, sino que también funciona al revés. Ellas nos dicen lo que la comunidad necesita de nosotros. Por ejemplo, en la región de Tigray, descubrimos que muchas mujeres no querían acudir a un centro de salud para dar a luz porque querían que sus guías religiosos estuvieran presentes en el parto. También descubrimos otra preocupación: las mujeres no querían subirse a una camilla porque habían visto con anterioridad que aquellos a quienes se habían llevado en camilla de la aldea, nunca habían regresado.

Ahora, los guías religiosos acompañan a las mujeres a los centros de salud y, así, tener un parto con menos riesgos no supone tener un parto alejado de la cultura popular. También diseñamos una nueva camilla especial para mujeres embarazadas. Abrimos casas maternas, para que las mujeres que se encuentran en el tercer trimestre de embarazo vivan cerca del centro de salud a la espera de sus partos. Se trataba de problemas y soluciones en los que nunca habíamos pensado, pero el Ejército Femenino para el Desarrollo nos hizo abrir los ojos y nos ayudó a identificar las necesidades de sus comunidades.

Ahora que hemos conseguido que más mujeres etíopes acudan a un centro de salud para dar a luz, todavía nos queda otra tarea por hacer: garantizar que la calidad de la atención sea excelente en la totalidad de los centros. Esto supone muchas cosas, como la adquisición de más equipamiento y medicamentos, o la capacitación de más trabajadoras, una labor que ya hemos empezado.

También supone mantener a la comunidad vinculada al sistema de salud, razón por la cual el Ejército Femenino para el Desarrollo seguirá desempeñando un papel fundamental. Hemos encontrado una fórmula a través de la cual el pueblo etíope puede hacer llegar sus exigencias al Ministerio de Salud. Y cuando una sociedad es exigente, el gobierno responde.

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